Seleccionar página

Por: Yomarilly Meléndez Meléndez* 

Desde: San Juan, Puerto Rico

I. Conclusiones aparentes:

La libertad es la suma de las libertades y en ocasiones estas se yuxtaponen; tomemos por ejemplo el árbol, que brinda frutos y flores porque se ha enraizado.

Los árboles fueron los primeros matemáticos y cada hoja es un universo de venas fotosintéticas que en su verde tranquilidad absorben la eterna particularidad.

¿La sombra de la hoja que choca en la pared, pesa más que la hoja misma? ¿Cuánto de sombra de hoja hay en mi? ¿Cuánto de sombra? ¿Cuánto de mi?

En ocasiones la mata de parcha, para estirarse se agarra a ella misma.

Veo los bordes, pero no los camino. ¿Por qué? Si sé que la seguridad es mentira, que la estabilidad es ilusión, que los sentidos engañan. Debo traspasar la puerta. El abismo no se llena, eso es bien sabido, pero no está vacío tampoco, repito: los sentidos engañan. ¿Esta dimensión o la otra? ¿En cuál versión de mí debo estar ahora mismo atrapada?

Quiero ser tan paciente como un libro.

II. Lecturas poco pletóricas:

Aprendí de Borges que lo que menos importa en la poesía, son las palabras y, sin embargo, deben ser las exactas. 

Platón dice sobre la poesía: “Esa cosa liviana, alada y sagrada”; y yo le añado: que aún así me envilece.

“Encontrar una pasión y dejar que te mate” nunca habia leido tanta lucidez. 

Dice Sócrates que Diotime le enseñó que amar es producir la belleza, ironía que fuera él tan feo.

Hay brazos que son lugares geográficos, besos que son caminos, miradas que son respuestas y silencios acantilados.

El camino hacia dentro no deja huella y sin embargo la deja.

Un silencio multidimensional al que no me he atrevido a ponerle nombre y cuya presencia he venido ignorando; ha llegado finalmente a encararme.

La aceptación no debe confundirse con la derrota. Pues la segunda puede prescindir de la primera, a tal magnitud que usualmente lo hace.

Las emociones son una ola con espumas que cabalgan, las memorias se ven transmutadas a través de estas, le brindan su matiz e incluso inventan nuevas conclusiones.

¿A cuánta distancia comienza la lejanía?

Dejar que el tiempo te mate es otra forma de matar el tiempo.

Con la paciencia del ave que sabe que en la lluvia no es tiempo de volar.

O como el colibrí que en su masiva cantidad de movimiento logra la quietud.

*Nace en Puerto Rico en 1990, oriunda del centro de la Isla, de un hermoso pueblito llamado Morovis. Es bibliotecaria de profesión y actualmente trabaja en la publicación de su primer libro de poesía. Cursó sus estudios de bachillerato y maestría en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Cree en la libertad y la esperanza testarudamente