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Durante el mes de junio, múltiples organizaciones indígenas de Canadá han levantado la voz frente a los escalofriantes hallazgos de más de 1000 tumbas anónimas de niños y niñas en las inmediaciones de antiguos Internados educativos. Kamloops Indian Residential School situada en el estado de British Columbia ha sido uno de las escuelas en donde se realizaron dichos crímenes.

Según varias organizaciones indígenas de Canadá, estos casos no pueden ser considerados como hechos aislados. Por el contrario, son el producto de un dispositivo sistemático y calculado para acabar con la cultura de las First Nations (Primeras Naciones en inglés), especialmente, la Nación Ktunaxa.[1]

Un decreto de 1876 prohibió que los indígenas salieran de las reservas sin una previa autorización firmada. También, se les prohibió contratar abogados para su defensa. Asimismo, se les quitó el derecho al voto, el cual fue posteriormente restaurado hasta 1960. Estos internados operaban como verdaderos campos de concentración.

Por más de 100 años, estos colegios internados funcionaron bajo tutela de la iglesia católica, anglicana y presbiteriana de modo que los responsables de estos asesinatos pueden ser claramente identificados. A diferencia de la iglesia anglicana y presbiteriana, la iglesia católica es la única institución religiosa que se niegan a pedir perdón por sus crímenes.

A lo largo del país, múltiples iglesias han sido incendiadas y vandalizadas como posible protesta. Igualmente, un gran número de estatuas de colonizadores han sido derribadas. Ceremonias indígenas de purificación y armonización han tenido lugar en dichos lugares.

Estas escuelas tenían como objetivo realizar una “limpieza étnica y cultural” en la medida en que los niños eran separados violentamente de sus familias. Al ser internados forzadamente en las instalaciones educativas, lejos de su comunidad y pueblo, los niños perdían todo contacto con su origen familiar, cultural y social. Además de enseñar matemáticas, química y biología, estos internados contaban con un curriculum pedagógico en donde la enseñanza de la religión hegemónica y el idioma inglés era transversal a los procesos de aprendizaje. La dominación religiosa y lingüística funcionó como “marco general de aprendizaje”. A modo de ejemplo, los niños eran castigados físicamente por hablar sus lenguas originarias.

Las primeras naciones canadienses no solo sufrieron el exterminio y despojo durante el periodo de la colonización francesa e inglesa durante los siglos XIV, XVII y XVIII, sino también durante el periodo posterior a los procesos de independencia del siglo XIX y XX.

Existe la creencia común según la cual el proceso colonización hace parte de un periodo pasado y superado por los procesos de independencia americanos. Sin embargo, es evidente que, durante el periodo post-independentista, el legado colonial no solo fue continuado, sino también profundizado a través de otros discursos e instituciones.

Por ejemplo, a mediados del siglo XIX en Argentina y Chile se desató una verdadera guerra de colonización contra la Araucanía, dejando miles de comunidades indígenas despojadas bajo la tutela de la iglesia[2]. Igualmente, a finales del siglo XIX las comunidades indígenas del Amazonas sufrieron una fuerte ola de colonización y evangelización conducida por múltiples comunidades religiosas tales como los Capuchinos, Dominicos, Franciscanos o Jesuitas.

Un nefasto ejemplo es el caso de la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia en donde le gobierno conservador de la Regeneración restauró las funciones educativas de la iglesia católica. Bajo la figura de tutelaje, se le encargó a los Capuchinos la “misión” (¿cruzada?) de aculturalizar y evangelizar las comunidades indígenas que viven en la Sierra tales como los Koguis o los Arahuacos[3] Como consecuencia, la ciudad de Nabusímake fue objeto de ocupación de la iglesia y fuerzas estatales.

Durante este proceso, los niños y niñas indígenas fueron objeto de tratos inhumanos, castigos y violencias sexuales por parte de los sacerdotes. Los castigos físicos y psicológicos fueron el “método pedagógico” predilecto para “exorcizar” y “despaganizar” a los pueblos indígenas del continente.

Canadá y Estados Unidos no son la excepción pues tanto Liberales como Conservadores hicieron parte de este proceso de aculturización, evangelización y colonización.

A diferencia de la imagen de Canadá como paraíso económico, protector de las libertades y promotor de la diversidad cultural, el país tiene una historia oscura que el relato nacional hegemónico busca esconder y olvidar.

Recientemente el gobierno ha pedido perdón por el genocidio cultural perpetrado en las décadas anteriores, pero dista mucho del trabajo necesario de reconciliación, verdad, no repetición y reparación para curar estas heridas.

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Funte imagen: @lil_coyote

 [1] Ver comunicado en: https://www.ktunaxa.org/wp-content/uploads/Residential-School-Media-Release.pdf

[2] Ver en: https://www.elhistoriador.com.ar/la-conquista-del-desierto/

[3] Ver en: https://pacifista.tv/notas/nabusimake-terror-mision-capuchina-restencia/