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La minga indígena ha culminado su largo recorrido hasta Bogotá. El presidente Iván Duque, una vez más, y como de costumbre, ha dejado su silla vacía en la mesa de diálogo propuesta por las y los indígenas en la ciudad de Cali. Por lo anterior, la minga tuvo que transladarse a la capital colombiana tras haber recorrido más de 500 kilómetros. Como dice el refrán popular: “si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña”. Desgraciadamente en Colombia, siempre habrá que golpear personalmente las puertas del gobierno para que haga su trabajo y deje de llenar sus bolsillos con los impuestos del pueblo. Quintín Lame así lo entendió. En los años 1940 y 1950s realizó varios viajes a Bogotá exigiendo respeto por la vida de las y los indígenas, mejoras en la salud, la educación y la inversión estatal. Setenta años después, nada ha cambiado.

La palabra minga es una palabra de origen quechua (mink’a) que significa trabajo colectivo a beneficio común y general. En las culturas indígenas de los andes, la minga o minka es, ante todo, un trabajo recíproco al interior de una comunidad[1]. Este trabajo busca el bienestar colectivo, razón por la cualse hace sin remuneración monetaria, es desinteresado y comunitario. A modo de ejemplo, la recolecta de los alimentos no busca la intermediación y el fin monetario, sino la satisfacción de las necesidades de la comunidad. Asimismo, el trabajo comunitario en la construcción y reparación de casas, la construcción de vías y escuelas, entre otras actividades colectivas se puede considerar como minga. En otras palabras, la minga se puede definir como un compromiso, convenio y contrato con las personas que te rodean, con tu comunidad y con tu entorno social.

En la filosofía occidental esta idea no es nueva. Como dice Aristóteles, somos ante todo seres colectivos – zoon politikon-, comunitarios en donde el bien colectivo está por encima del bien individual. Santo Tomas de Aquino retomó dichas tesis al definir la comunidad humana como una comunidad espiritual en donde la asistencia al prójimo hace parte de la naturaleza humana de la misma manera en que Jesús lo hizo en vida. Rousseau y su contrato social definieron la República como un gran contrato en donde la comunidad política se construye a partir de las virtudes cívicas de fraternidad. Estos ejemplos de la filosofía muestran cómo estas ideas de trabajo colectivo y comunitario no son totalmente ajenas a nuestro sentido común.

Ahora bien, durante el proceso de desarrollo histórico y nacional de Colombia, este tipo de actividades colectivas siempre fueron mal vistas y perseguidas con un sesgo eurocéntrico por las autoridades españolas durante la Colonia y las autoridades oligárquicas durante la República. Perseguidas por las autoridades españolas, pues consideraban que la organización comunitaria era una posible fuente de rebelión y resistencia anticolonial. Perseguidas por las autoridades oligárquicas, pues consideran que la organización comunitaria atenta contra la libertad individual y la propiedad privada. La razón yace en la idea según la cual, cuanto más individualista, más civilizado eres. Esta noción de libertad es, sin embargo, una libertad egoísta, interesada y condicionada a una forma de vida en la cual el bien personal y privado está por encima del bien colectivo y público. El desarrollo capitalista ha construido una gran red de comercio internacional, facilitando el consumo y la comunicación. Sin embargo, la comunicación con quien está al lado, el vecino, vecina, el ciudadano-ciudadana cercanxs está totalmente resquebrajada.

Este vacío de comunicación y lazos comunitarios en Colombia es la causa de la mala propaganda contra la movilización indígena actual, pues esta toca las fibras mismas de la estructura del régimen colombiano que se ha mantenido a costa de profundizar el miedo, el aislamiento social, la falta de solidaridad y el egoísmo.

Varios medios de comunicación, partidos políticos y organizaciones gremiales comenzaron una propaganda de difamación contra la actual minga indígena, pues, una vez más, ven en la organización comunitaria y popular una amenaza a sus privilegios políticos, sociales y económicos. El expresidente Uribe, Revista Semana, el Centro Democrático y otros partidos de derecha comenzaron a ambientar la opinión pública para estigmatizar la minga diciendo que estaba infiltrada por el ELN y las disidencias de las Farc[2]. La misma estrategia y excusa de siempre.

La oligarquía siempre temblará frente a la presencia del pueblo reunido y exigiendo sus derechos. La oligarquía colombiana quiere una ciudadanía dócil, conformista, con la cabeza mirando a sus pies. El delirio de superioridad racial, social y económica que le caracteriza es inmediatamente puesta en disputa cuando el pueblo sale a las calles a exigir sus derechos, cuando le piden al gobierno “bajarse” de su pedestal y sentarse en una mesa en donde exista simetría e igualdad de rangos. La oligarquía piensa que tiene un mandato supremo de dirigir los destinos del país. No obstante, ellos han usurpado el contrato colectivo. La oligarquía solo beneficia a sus familias y sus negocios privados. Para ellos, la idea de minga es incomprensible, pues no pueden concebir un tipo de trabajo comunitario, colectivo y no remunerado económicamente.  Su pensamiento, conducido por el lucro, no puede entender una acción que no genere un beneficio económico y que no les permita aumentar sus riquezas.

Esta minga indígena y social quiere llamar la atención del pueblo colombiano frente a la crisis política, social y económica que está atravesando el país. Los niveles de violencia se han incrementado, el proceso de paz es continuamente amenazado, losasesinatos de líderes y lideresas sociales no paran, la explotación de los recursos naturales en zonas protegidas no cesa, los feminicidios han aumentado durante la pandemia. Por lo anterior, la minga no tiene una reivindicación solamente para los pueblos indígenas. Por el contrario, esta minga es un llamado para realizar una minga nacional en donde la lucha por la vida, el territorio, la paz y la democracia sean los temas que deberán ser discutidos: “El carácter de la movilización no es reivindicativo, ni se persiguen recursos económicos; el carácter de la Minga es netamente político, su finalidad es la defensa de la vida, la paz, el territorio y la democracia”[3] Este gran trabajo colectivo por Colombia no busca el beneficio individual, sino nacional. Su objetivo es sentar las bases de una verdadera democracia en donde los lazos ciudadanos no estén determinados por la lógica económica, sino por la lógica de solidaridad y reciprocidad.

Si el pueblo colombiano logra comprender y asimilar esta simple idea, podremos pasar la página de la violencia, la desigualdad y la explotación natural. Solamente si nos concebimos como una comunidad que, si bien tiene diferencias, puede vivir en paz, igualdad y dignidad, podrá potencializar sus capacidades y, sobre todo, generar las condiciones mínimas de convivencia social.


*Filósofo, profesor y activista político.

Ilustración 1 https://twitter.com/LLuiscarlos85/status/1316231012863684609?s=20

[1] Ver: http://etimologias.dechile.net/?minga

[2] Ver: https://www.cric-colombia.org/portal/yo-soy-minguero-y-no-guerrillero/

[3] Ver: https://www.cric-colombia.org/portal/pronunciamiento-minga-suroccidente-declaramos-que-el-presidente-ivan-duque-marquez-le-incumplio-al-pueblo-colombiano-asi-mismo-rechazamos-la-noticia-publicada-en-la-revista-semana/