Seleccionar página

Por: Julio César Peluffo*

Desde: Salerno, Italia

En medio del aislamiento es difícil dejar de reflexionar sobre el mundo que hemos construido y el que debemos reconstruir después de la pandemia ¿nos enfrentaremos a una involución en materia de derechos sociales? ¿construiremos un sistema global más democrático con los países en vía de desarrollo? Hoy no está muy claro quién pagará la crisis o cómo responderemos a ella, en especial porque en la mayoría de los temas lo veníamos haciendo mal. Proponemos 6 reflexiones urgentes sobre el futuro de nuestro sistema global.

1. El papel de la banca ¿sometiendo las democracias o al servicio de estas?

En la medida que evoluciona el sistema capitalista, los bancos han dejado de ser “sencillos” intermediarios de pagos para convertirse en monopolistas omnipresentes del sistema económico; de ser servidores secundarios de los negocios industriales (en la activación del capital monetario) a disponer y parasitar cada sector productivo, incluso los derechos fundamentales (salud, pensiones, educación, etc.); de disponer de fragmentadas y modestas fortunas a usufructuar casi todo el capital monetario del planeta; de cientos de miles de establecimientos en cada país a un puñado de regentes del sistema financiero mundial, al punto de controlar y lucrarse a costa del subdesarrollo y la deuda de los países más pobres.

Durante las crisis financieras su poder político se impone a favor de su rescate. En el caso colombiano, aplicando recetas como el “2x mil” en la crisis del 99 o los decreto 558, 562 y 572 del 2020 de Duque para salvar a los Fondos Privados de Pensiones y regalarles $500.000 millones de pesos a los bancos. A nivel internacional, los planes de salvamento con los que se rescató a la banca en Estados Unidos y Europa. Aquí y allá, esa élite financiera impuso su poder político para que estos salvamentos se costearan con recortes en los presupuestos públicos.

En gran parte, el mundo y la globalización que tenemos es la que construyó el capital financiero. Su éxito es la base de la deshonrosa desigualdad que gobierna al planeta. La opresión que viven los países en vía de desarrollo es sólo posible por la alianza y sumisión de las élites nacionales a las élites financieras globales de las principales potencias. ¿Acaso no requerimos, aquí y allá, arrebatarles el poder político a dichas élites?

2. Sistemas de salud ¿lucro privado o derecho fundamental?

Si algo ha quedado claro con la crisis sanitaria es que los sistemas públicos de salud son a los países lo que el sistema inmunológico es a nuestro cuerpo. Millones de personas padecen Covid-19, pero desde hace años el virus de la “austeridad” y privatización está acabando con los sistemas de salud del mundo.

En Estados Unidos la mano invisible del mercado asigna facturas hasta de 34 mil dólares a quien se contagie y sea atendido por Covid-19; en Italia, el país europeo más afectado, es imposible sacar del análisis los recortes por más de 37.000 millones de euros a la financiación pública en los últimos 10 años, situación similar vive España, producto de las políticas de austeridad adoptadas después de la crisis del 2008 e impuestas por la Troika europea. En Colombia tenemos la Ley 100 de 1993, no como sistema de salud sino como sistema de negocio con la salud. ¿Se impondrá aún más el ánimo de lucro o atenderemos la salud como un derecho universal?

3. Trabajo digno para todos como consigna internacional.

El informe más reciente la Organización Mundial del Trabajo (2019) “El gran problema del empleo en el mundo: Las malas condiciones de trabajo” señala como viene en aumento la pobreza entre población que tiene empleo, justamente por el deterioro de sus derechos laborales. En la medida que ha avanzado esta globalización, se han extendido por todo el planeta la tercerización, la flexibilización, contratos laborales a término definido, el no reconocimiento de vacaciones y otras prestaciones. Precarización laboral que ha permeado gravemente a sectores esenciales como los trabajadores de la salud, como revelan las protestas y noticias sobre la situación de médicos y enfermeras, desprotegidos y en primera línea contra el Covid-19.

En especial, llaman la atención las nuevas tendencias de uberización o rappyrización del trabajo, donde el patrón se desvincula de las obligaciones que tiene con el trabajador, con eufemismos como “emprendimiento” o “ser tu propio jefe”. Por supuesto, la situación se agrava dependiendo de la latitud donde nos ubiquemos, pero ni siquiera el primer mundo escapa de esa realidad. ¿Debemos resignarnos a las relaciones que propone esta globalización liberal en el trabajo? Precarizados del mundo ¡uníos!

4. De la soberanía alimentaria y el derecho de los pueblos a producir su propio alimento

Esta globalización ha forjado una desequilibrada división internacional del trabajo agrícola. La mayoría de los países subdesarrollados se han especializado en los productos tropicales (café, banano, cacao, azúcar, etc.), abandonando de manera progresiva la producción de los principales cereales, oleaginosas y carnes, que son abastecidos por la producción de los países del primer mundo. Esta desventajosa especialización ha sido forjada por los enormes subsidios agrícolas del primer mundo y desbalanceados Tratados de Libre Comercio (TLC) o similares. Configurando así, una dependencia alimentaria y política en los países del sur frente a las principales potencias.

La crisis del Covid-19 ha evidenciado, una vez más, la fragilidad de las cadenas globales de producción agrícola, así como la volatilidad de los precios que impone la mano invisible a los commodities agropecuarios en las bolsas de valores. ¿Deben los países en vía de desarrollo someter la adecuada nutrición y alimentación de sus habitantes al vaivén de los mercados internacionales, los chantajes políticos y las crisis de toda índole? ¿No deberían los países como Colombia retomar su producción de trigo, maíz, cebada, lenteja, garbanzo, arveja seca, soya, sorgo que hoy importa casi en su totalidad, para asegurar su soberanía alimentaria? ¿No sería este el momento de pensar en renegociar tan lesivos TLC?

5. ¿División internacional del trabajo o desarrollo científico e industrial para los países en vía de desarrollo?

Una de las preocupaciones que ha despertado la crisis sanitaria tiene que ver con la capacidad de los países más pobres para enfrentar el virus. La ausencia de desarrollo industrial, científico y tecnológico les impide proveerse autónomamente de materiales quirúrgicos, equipos médicos y compuestos químicos necesarios para realizar los millones de pruebas requeridas, dotar adecuadamente a su personal médico y atender a sus pacientes. Esto los hace más vulnerables y dependientes de los sobrecostos, la ayuda (en el mejor de los casos) o el pillaje internacional que ha retratado la prensa en estas semanas ¿cuánto más debe postergarse el desarrollo industrial y científico de estos países? ¿cuánto más debe regir esta suerte de neocolonialismo contra los países más vulnerables?

6. Multilateralismo y retos colectivos. Globalización: ¿sí, pero no así?

En el centro de todos los cuestionamientos: Estados Unidos. Centro económico mundial en declive, huésped de la más sofisticada élite financiera global, ejemplo y modelo en privatizaciones, precarización laboral y desigualdad económica. Su crisis es al mismo tiempo producto de las contradicciones del capitalismo, las del capital financiero y las de la globalización. Sería insuficiente toda la reflexión sin cuestionar su rol en el impulso de la globalización, las agresiones de sus gobiernos, su renuencia al multilateralismo, su constante cruzada armamentista, la amenaza que representa para la paz mundial y su respaldo (económico, ideológico y militar) a las élites locales en todo el mundo, especialmente en los países más pobres para perpetuar el subdesarrollo en estos.

Por ende, esta globalización que sufrimos tiene el carácter, naturaleza e instituciones de los sectores sociales y económicos que la dirigen. La élite financiera tiene unas preocupaciones que no son necesariamente los retos que las grandes mayorías de los pueblos de todo el planeta compartimos. De hecho, por efecto o defecto, esos retos van en contravía de los intereses de dicha élite.

Mientras la élite se preocupa por mantener la tasa de ganancia, las mayorías globales queremos encontrar un trabajo que permita vivir con dignidad. Cuando la élite habla de libre flujo de capitales, la mayoría estamos preocupados por la situación y bienestar de los migrantes. Cuando los banqueros añoran privatizaciones para encontrar nuevos nichos donde reproducir su capital, las mayorías reclaman derechos fundamentales y equidad (económica, social, de género, etc.). Cuando las élites globales organizan guerras e injerencia imperialista, lo que los países en vía de desarrollo necesitan es soberanía y autodeterminación. Cuando las élites imponen la cultura del sálvese quien pueda, lo que requerimos es internacionalismo solidario en el centro de las instituciones multilaterales. Mientras las élites arrecian la escalada armamentista, el resto procura más trabajo científico conjunto para enfrentar el cambio climático y crisis sanitarias como la que atravesamos.

¡Otro mundo es posible, vamos a transformarlo!

* Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales, Máster en procesos de Integración y Globalización. Doctorando en Economía del Sector Público.

Imagen de Brian Stauffer, publicada en Foreign Policy