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Por: Héctor Valencia*

Desde: Poitiers, Francia

La lucha internacionalista siempre ha sido transversal a la organización y apuesta política nacional y regional. Los movimientos obreros, los movimientos feministas, las brigadas antifascistas, las internacionales socialistas y comunistas, los congresos de liberación nacional contra el colonialismo en África y Asia y otros grupos de lucha global fueron muy importantes durante el silgo XIX y el siglo XX.  Sin embargo, este naciente siglo XXI parecía no encontrar un horizonte ideológico unificado de lucha internacionalista, pues los viejos siglos XIX y XX aún se encuentran presentes a nivel económico, social, político y organizativo. Esto ha dificultado el impulso de nuevas instancias de lucha internacional y ha fragmentado el campo de lucha internacionalista. La razón se encuentra en los cambios que han tenido el orden mundial, las subjetividades y las relaciones tales como el dominio del capitalismo a escala global, el fortalecimiento de una subjetividad individualista y virtual al igual que el ascenso de nuevas potencias mundiales como China, Brasil, India y Sudáfrica. Razón por la cual debemos reflexionar sobre este campo de lucha que no busca comenzar a organizarse de cero, más bien, busca analizar y canalizar los acumulados organizativos y programáticos, hacer un ejercicio crítico para saber qué elementos de la vieja lucha internacionalista se mantienen y cuáles se superan.

Teniendo en cuenta este contexto, parece que el reflujo en el campo de la lucha internacional ha ido transformándose poco a poco en un sólido y claro movimiento internacionalista. Los últimos meses han sido de grandes avances y fortalecimiento de este frente de lucha. Grupos como la Internacional Progresista , Le monde en commun , Red Regeneración Democrática, Grupo de Puebla y Ejercito zapatista de liberación mundial (EZLM) representan dichos esfuerzos fragmentados que buscan canalizar procesos organizativos colectivos internacionales con agendas unificadas y coordinadas.

Primero debemos felicitar, aplaudir y, sobre todo, resaltar el gran esfuerzo que han venido desarrollando para reorganizar la estrategia de lucha política, social, económica y cultural en el escenario de la lucha internacionalista. En este pequeño texto trato de explicar la fragmentación y dispersión en el campo de la lucha internacionalista en el siglo XXI.

La década del 90 representa un momento de transición, reflujo y cambio en la correlación de fuerzas mundiales. La caída del bloque soviético, la supuesta victoria del capitalismo con el neoliberalismo, la avanzada mundial de la derecha neocolonialista en Medio Oriente, África, Asia y América Latina representó un duro golpe para el movimiento obrero, feminista, indígena, afrocaribeño, ambientalista, campesino y popular mundial. Sin embargo, los pueblos oprimidos, los grupos subalternos, el proletariado y las nuevas ciudadanías insurgentes mundiales respondieron al calor de la lucha a esta terrible embestida. Desde Asia, África, Europa, Norteamérica, Oceanía y América Latina se reconstruyeron nuevas formas de resistencia popular que han venido madurando y cristalizando nuevos discursos, formas de organización y gobernanza. Estos bloques históricos, sin embargo, se encontraban en temporalidades y espacios heterogéneos. Por ejemplo, el movimiento de los indignados del 15-M español y Occupy Wall Street surgidos de la crisis del capitalismo del norte global en 2008 significó un paso adelante, pero no logró trascender los espacios europeos y norteamericanos. La primavera árabe iniciada en el 2010 también significó un movimiento de los bloques históricos y avanzada popular para democratizar aquellos países que querían sanar la herida colonial dejada por el imperialismo europeo y el fundamentalismo religioso. Las revueltas populares latinoamericanos a comienzos del año 2000 irrumpieron el nuevo siglo con fuerza, desestabilizando el modelo neoliberal impuesto por el consenso de Washington y el FMI. Ahora bien, la falta de integración y articulación de los movimientos sociales de los bloques del sur-sur global y del sur-norte global generó un reflujo, permitiendo, en muchos casos, el avance de las fuerzas reaccionarias, fascistas y conservadoras.

De Francia al Líbano, de Irak a Argelia, de Colombia al Reino Unido, de la India a Alemania, de USA a Sudan, de Ecuador a Sudáfrica, de Brasil a Canadá el mundo entró en un proceso de revuelta generalizada. El 2019 representó, sin lugar a duda, la avanzada y respuesta mundial de las fuerzas populares que denunciaron: a) la terrible desigualdad económica creada por el capitalismo; b) el avance de fuerzas fascistas en el mundo; c) la crisis política y ecológica que amenaza con la destrucción del planeta Tierra; d) el neocolonialismo y las guerras imperialistas; e) la violencia extractivista y el consumismo desenfrenado; f) la opresión patriarcal y machista; y g) el aumento del racismo y violencia contra los y las migrantes.

En el caso específico de América Latina, el siglo XXI ha tenido sus propias particularidades, ya que la insurrección zapatista, las revueltas indígenas de 1990, el poderío del movimiento feminista, las protestas sociales y populares abrieron el camino para el ascenso político de los gobiernos progresistas – ciclo progresista- en los 2000s en nuestra región. No obstante, las diferencias entre los movimientos sociales y los nuevos gobiernos progresistas comenzaron a acrecentarse drásticamente llegando incluso a lugares de no retorno. La explicación de dicha ruptura se puede sintetizar en la incapacidad, tanto de los movimientos sociales, como de los partidos políticos oficialistas para cristalizar en una sola matriz teórica y práctica las reivindicaciones en torno a la justicia social, la justicia ambiental y la justicia cultural. Esta carencia de agenda política internacional fracturó el bloque popular y el bloque político permitiendo el ascenso de fuerzas conservadoras representadas, por ejemplo, en Donald Trump, Jair Bolsonaro, Iván Duque y Sebastian Piñera.

Luego de varios años de reorganización política, teórica y social, se comienza a vislumbrar la agenda política que podrá agrupar las fuerzas sociales de cambio mundiales. En este sentido, tanto la Internacional Progresista, el Grupo de Puebla, Le monde en commun, Red Regeneración Democrática, Grupo de Puebla y el Ejercito Zapatista de Liberación Mundial han avanzado al respecto postulando una serie de tesis fundamentales para enfrentar los desafíos del siglo XXI. Estos espacios de lucha internacionalista se han venido alimentando de la agenda altermundista, que se ha venido construyendo hace más de 30 años y demuestra cada vez más su vitalidad y fuerza.

Según el altermundismo, el nuevo mundo exige el respeto de la madre tierra, la construcción de una economía local y autogestionaría basada en el Buen vivir, la crítica a la globalización desenfrenada, el fin del dominio de las multinacionales y sus gobiernos títeres. Por esta razón, el Ejercito Zapatista de Liberación Mundial (EZLM) busca luchar contra este viejo mundo con las siguientes premisas: 1) conformar la Organización de los Pueblos Originarios Unidos (OPOU); 2) adoptar la Declaración Universal del Bien Común de la Humanidad; 3) oficializar los primeros Pasaportes de Ciudadanía Universal; y 4) crear el Banco Mundial Ético de los Pueblos Originarios (BMEPO). 

En un horizonte similar, la Internacional Progresista construyó su lucha política a partir de 12 tesis fundamentales, según las cuales el nuevo mundo tiene que ser 1) democrático, 2) descolonizado, 3) justo, 4) igualitario, 5) emancipado, 6) solidario, 7) sostenible, 8) ecológico, 9) pacífico, 10) poscapitalista, 11) próspero y 12) plural. En este orden de ideas, la lucha por un nuevo mundo debe poder articular estas tesis armonizando e interrelacionando las reivindicaciones políticas. No se podrá pensar, por tanto, un mundo mejor en donde la prosperidad no esté acompañada de solidaridad. Tampoco en donde el nuevo mundo poscapitalista no esté acompañado de pluralidad. Mucho menos, si este nuevo mundo, con combinaciones aleatorias de las tesis precedentes, no esté acompañado de la descolonización.

El Grupo de Puebla, por su parte, apuesta por la organización, reflexión y profundización de las agendas de luchas progresistas latinoamericanas, las cuales se encuentran atrapadas en una matriz de a) dependencia económica al extractivismo y energías fósiles, b) pobreza e injusticia social y, finalmente, c) riqueza ecológica y ambiental. Como reacción inicial frente al Grupo de Lima[1], el Grupo de Puebla se ha ido redireccionado con el objetivo de encausar la dispersión de las luchas progresistas latinoamericanas, quienes, debido a la falta de brújula política para entender la realidad, han caído en un periodo de reflujo.

En esa misma línea, la Red Regeneración Democrática, busca consolidar una red de movimientos políticos para lograr nuevas formas de organización y lucha política. Esta red se enmarca en el contexto de respuesta política a la crisis mundial generada por el Covid-19. El mundo del futuro no puede volver a la anterior normalidad que ha causado el desastre ambiental, social y político en el que estamos sumergidos.

Le monde en commun busca consolidar un espacio de reflexión internacionalista que integre los esfuerzos de las fuerzas progresistas europeas para superar y combatir el neoliberalismo, fascismo y políticas imperialistas de muchos de los Estados miembros de la Unión Europea.

Como migrantes, indígenas, feministas, ambientalistas, obreros y obreras, afrocaribeños, nuevas ciudadanías explotadas y oprimidas, tendremos que hacer un llamado para aunar los esfuerzos en el campo de la lucha internacionalista y poder confluir en una agenda clara de lucha progresista contra el fascism no solo regional, sino también mundial. Todo el esfuerzo de la lucha internacional debe ser encaminado a luchar contra el fascismo, el colonialismo, el patriarcado y capitalismo. Nuestro papel es entonces ayudar a construir canales de comunicación y trabajo colectivo para que la Internacional Progresista, el Grupo de Puebla, Le monde en Commun, Red Regeneración Democrática y el EZLM se encuentren y articulen. Frente al fascismo, la unidad de las fuerzas populares y progresistas es un imperativo ético.

¡Internacionalismo o extinción!

¡Progresistas del mundo, unidos y unidas!

 

[1] Grupo liderado por la OEA y Luis Almagro que buscaba desestabilizar a Venezuela y ambientar una posible incursión armada estadounidense.

*Filósofo, profesor y activista político.

Fuente imagen: https://luttennord.wordpress.com/2009/01/25/manifestation-de-solidarite-avec-la-palestine-a-paris-les-fafs-sont-pries-de-degager-par-les-antifascistes/