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Por: Héctor Valencia*

Desde: Poitiers, Francia

Segunda parte:

Palabras claves: nación, decolonialidad, genealogía, Estado, indígenas.

En el anterior artículo hice algunas anotaciones históricas para la reconstrucción del relato nacional en el marco del bicentenario de la Independencia y la herencia colonial que hasta nuestros días determinan nuestra representación social.

Con el enfoque genealógico, quise trazar un doble camino. El primero de ellos mostró cómo las ideas de la Revolución Francesa, la Independencia Española y la modernidad europea llegaron a nuestro continente cargadas de una doble contradicción: por un lado, universalización de los derechos y, por otro lado, exclusión cultural, social y económica de las comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas. En el segundo camino, señalé cómo la exclusión cultural y social de los campesinos, indígenas y afrocolombianos sirvió de base para la construcción del relato nacional en manos de las élites locales liberales y conservadoras en el siglo XIX. De la mano del darwinismo social y el positivismo, se comenzó a gestar un imaginario nacional elitista, católico, masculino, burgués y blanco.

De la misma forma, en la entrega anterior, quise exponer la necesidad de desanclar la herencia hispánica -europea- del foco principal de relato nacional, pues si bien no se pude eliminar esta herencia constitutiva de nuestra identidad, sí es cierto que esta herencia ha ocultado la herencia indígena y africana. Un proceder para nada fortuito, al contrario, construido y prolongado por la herencia eurocéntrica que gira alrededor de la dicotomía civilización-barbarie. Esta representación social europea se extendió a las élites locales de las colonias, trayendo como consecuencia la prolongación de dichos imaginarios excluyentes.

En ese contexto, comencé una interpretación histórica del pensamiento emancipatorio colombiano, no solo para comprender nuestro presente, sino para guiar nuestras futuras acciones sociales y políticas. El presente texto es la segunda entrega del plan presentado en el anterior artículo, a saber: 1) independencia y consolidación de la república (siglo XIX) -que corresponde al artículo de la semana pasada (que les invito a leer) – y 2) expansión capitalista y resistencia social en los años 30s que corresponde al presente artículo.

La perplejidad que me llevó a recorrer la historia colombiana desde los años 30s responde al encuentro que tuve con el trasegar político del sacerdote José F. Restrepo, uno de los fundadores de la Universidad Javeriana[1]. Como resultado del recorrido, pude agrupar las fuerzas políticas y sociales de esta época en varios bloques: el nacionalismo conservador, la doctrina social de la iglesia, el liberalismo reformista, el nacionalismo liberal, el indigenismo, el comunismo bolchevique y el anarcosindicalismo. Diferentes fuerzas políticas cuya confrontación generó el ambiente político que vivimos hoy en día, uno desprovisto de la herencia indígena y africana que debemos reintegrar para tener una visión diferente y emancipatoria de nuestro pasado, presente y futuro.

2) Expansión capitalista y resistencia social en los años 30s:

La contradicción entre el discurso emancipatorio de la Revolución Francesa y la instauración de una nueva forma de servidumbre permitió que la lógica capitalista se introdujera paulatinamente en las diferentes esferas de la sociedad, pues sirvió como paradigma económico funcional tanto para los terratenientes feudales como para la pequeña burguesía y burguesía nacional emergente. El terraje fue, por tanto, la hibridación política, social, cultural y económica que cristalizó la lógica colonial, capitalista, republicana y feudal, pues permitió, por un lado, la continuación de la explotación y servidumbre feudal y, por otro lado, la expansión de mercados nacionales e internacionales en las zonas urbanas. Colombia quedó dividida en dos modos de producción: las lógicas feudales en el campo continuaron suministrando fuerza de trabajo no asalariada y la emergente fuerza de trabajo obrera salariada en la ciudad procesaba industrialmente la materia prima explotada por los campesinos, afrocolombianos e indígenas. Existía, por tanto, una doble coagulación de la fuerza de trabajo transformándose en el plusvalor del plusvalor de una cadena productiva híbrida.

En el inicio del proceso, la fuerza de trabajo indígena, afrocolombiana y campesina trabajaba la tierra de los terratenientes en actividades agrícolas y ganaderas produciendo materias primas, ejemplo de ello es el café o tabaco. Este producto no industrializado será, en un segundo proceso, transformado en las ciudades por la fuerza de trabajo obrera en las fábricas y molinos de la emergente burguesía nacional. Dicho producto procesado e industrializado entrará posteriormente en las lógicas capitalistas y librecambistas dirigidas principalmente por Estados Unidos. En esa lógica, los intereses feudales terratenientes y los intereses capitalistas burgueses se vieron representados en el partido conservador y el partido liberal respectivamente, generando fricciones, contradicciones e incluso guerras civiles. Sin embargo, las comunidades indígenas y afrocolombianas, la fuerza obrera y campesina fueron las más afectadas del proceso de expansión del capitalismo y del fortalecimiento de las instituciones republicanas, pues quedaron totalmente desprotegidas, excluidas y relegadas tanto de la cadena de producción de la riqueza como de la representación política.

Así, el siglo XIX se convirtió en el siglo de la consolidación del proyecto nacional elitista encarnado en: a) la hibridación económica de lógicas capitalistas y feudales, b) el fortalecimiento de las instituciones republicanas y la instauración de una democracia censitaria y c) la hegemonía colonial y racista contra los pueblos indígenas y afro. En suma.

En las décadas subsiguientes –con excepción de ciertas medidas transitorias expedidas por Bolívar en 1828 o la ley 90 promulgada por el Estado Soberano del Cauca en 1859– se incrementó la división de los resguardos, o sea la parcelación de las tierras indígenas y la extinción de los cabildos de indios. Con razón, Antonio García ha definido este período como de lucha contra la comunidad indígena. El resguardo, como institución colonial, fue percibido como un rezago de ese pasado ignominioso y como una muralla que impedía la expansión de la «Civilización». Prevalecieron también los intereses de hacendados y municipios, que se apropiaron, aunque con amparo legal, de las tierras de los indios[2].

El pensamiento de Antonio García será importante para nuestro texto, pues su pensamiento pudo sintetizar muchas discusiones presentes en los años 30, para nada azaroso si nos remitimos a sus influencias[3]. García fue quien escribió el programa político de Jorge Eliecer Gaitán conocido como el Plan Gaitán, fundó el Instituto Indigenista Colombiano, asesoró la revolución social de Bolivia 1952 con el MNR, asesoró a Salvador Allende en cuestiones referentes a la reforma agraria, contribuyó en la construcción del proyecto político ANAPO luego del fraude electoral de 1970 y terminó inspirando el pensamiento de Jaime Bateman[4], Carlos Toledo y Andrés Almarales comandantes del M19. Este último movimiento armado le suministrará las armas al Comando Armado Quintín Lame, nombre dado en homenaje al histórico líder indígena Manuel Quintín Lame. Ambas organizaciones armadas terminarán pactando el proceso de paz que dará inicio al proceso constituyente de 1990[5].

Para comienzos de 1910, la expansión del capitalismo en Colombia ya se había acelerado gracias a las reformas liberales del siglo XIX, se habían sentado las bases económicas, sociales y culturales de la nación, así como sus planes de emergencia que incluían la defensa de la propiedad privada, el trabajo asalariado y la construcción de una subjetividad individualista. La Regeneración conservadora se encontró con una contradicción: el liberalismo había establecido las bases políticas y sociales para el surgimiento del capitalismo en el país, sin embargo, el capitalismo que los conservadores querían desarrollar era un capitalismo ajustado a la Doctrina Social de la Iglesia, cuya inspiración se encuentra en las encíclicas de León XIII, quien criticaba con la misma severidad al liberalismo y al socialismo. Dicha contradicción abrió el espacio para que naciera una forma de capitalismo representada en el corporativismo y su deriva en el fascismo. En Colombia, el corporativismo encontró en el sacerdote jesuita Félix Restrepo y Laureano Gómez uno de sus principales defensores. Razón por la cual ambos vieron en el republicanismo, liberalismo, comunismo, socialismo y anarcosindicalismo el origen de todos los males del país. Su profunda critica a la Revolución Francesa y la Revolución Bolchevique así lo manifiesta.

En el plano internacional, la expansión capitalista se sincronizó con una serie de dinámicas mundiales que permitieron su desarrollo, tales como la mutación imperialista del capitalismo monopolístico francés, inglés y estadounidense desencadenando, por ejemplo, la Conferencia de Berlín y la infame invasión de África y Asia. Paralelamente, la abolición de la esclavitud tras la guerra civil y la expansión territorial de USA desencadenaron fenómenos como la invasión de grandes tierras que pertenecían a los indígenas –similar a la división de los resguardos en Colombia– y la generación de fuerza de trabajo bajo la forma de trabajo asalariado. La tardía unificación y la conformación de Estado-nación de Alemania con Bismarck e Italia con Víctor Manuel II hizo que estos dos países llegaran tarde a la expansión del capitalismo en su forma imperial, dejando a la burguesía nacional alemana e italiana en un gran atraso frente a la burguesía nacional francesa, inglesa y estadounidense. Dicha tardanza en la formación de la nación dará origen a las bases ideológicas del nacionalismo, el preámbulo del fascismo, y su tardía expansión en Europa y el norte de África desencadenando la segunda guerra mundial[6].

Como vimos, en Colombia la expansión capitalista tuvo su auge durante la Regeneración conservadora, en medio de contradicciones políticas y sociales entre las que se pueden retomar las siguientes: a) el aumento de espíritu nacionalista –en conservadores y liberales– frente a la agresión estadounidense en relación con la separación de Panamá, b) la caída de los precios del café, c) el crash económico de 1929, d) el surgimiento de clase obrera organizada y e) la lucha indígena en el sur del país. Estos elementos combinados traerán la conformación de varios bloques políticos y sociales que se irán acomodando a lo largo de la primera mitad del siglo XX.

Las fuerzas conservadoras y nacionalistas se verán representadas en las figuras de Laureano Gómez y Félix Restrepo, entre otros. Representación que combina elementos de la Doctrina Social de la Iglesia, el corporativismo, el falangismo y el fascismo. Representa también los intereses de las fuerzas terratenientes y los dominios administrativos de la Iglesia en la educación y la sociedad civil. En la guerra civil española apoyaran a Francisco Franco contra los republicanos, comunistas y anarquistas.

Las fuerzas liberales reformistas, por su parte, hallarán lugar en el discurso de Alfonso López Pumarejo y Darío Echandía, entre otros. Discurso que combina elementos del liberalismo keynesiano, el socialismo y el republicanismo. Representa, también, los intereses de la pequeña burguesía y burguesía nacional, algunos sectores obreros y campesinos. En la guerra civil española apoyarán las fuerzas republicanas de II República española.

Antes de la conformación del PCC, los cuadros comunistas colombianos se encontraban agrupados en el Partido Socialista Revolucionario -PSR-, que había adoptado la fachada bajo el rótulo socialista, pues el régimen conservador con la Ley Heroica había prohibido la doctrina comunista en el país. Este partido se había formado durante el III Congreso Obrero en donde María Cano, José Gonzalo Sánchez e Ignacio Torres Giraldo estuvieron presentes. En el II Congreso Obrero también había hecho presencia Manuel Quintín Lame con el objetivo de coordinar las huelgas indígenas del Tolima, Huila, Cauca y las huelgas obreras del Magdalena, Atlántico y Córdoba que sacudieron el país a lo largo de las décadas de 1910. Las fuerzas comunistas estaban en proceso de bolchevización, de modo que hasta comienzos 1930 se fundó el Partido Comunista Colombiano -PCC- reconocido por la Internacional Comunista.

Al interior de las fuerzas obreras existían agrupaciones anarcosindicalistas que se estaban organizando con el objetivo de entregar el control y la producción industrial a los obreros y obreras, principalmente en las inmediaciones de Magdalena y Atlántico[7]. Estas fuerzas se agruparon principalmente a lo largo de la costa y el rio magdalena consolidando, así, una fuerza portuaria de gran magnitud que tendría su clímax organizativo con las huelgas de 1920.

Las primeras huelgas bananeras fueron organizadas conjuntamente por las fuerzas socialistas, comunistas y anarcosindicalistas que confluían en la defensa de los trabajadores y trabajadoras que eran explotados por las multinacionales estadounidenses y europeas. Proceso organizativo que culminó con la huelga de las bananeras de 1928 y el terrible saldo de la Masacre de las bananeras.

Las fuerzas nacionalistas liberales se encontraban replegadas en la figura de Jorge Eliecer Gaitán, quien representaba los intereses nacionales bajo otra categoría diferente a los intereses de clase. Según él, existían dos bandos de confrontación: a) la oligarquía representada en el Partido Liberal y Partido Conservador y, b) el pueblo representado por los movimientos sociales, populares, indígenas y obreros. Su forma de concebir la política cambió la configuración de la política colombiana, pues creó una tensión inédita en las lógicas bipartidistas que hasta ahora habían reinado. En Bogotá, Gaitán fue uno de los primeros que denunció la Masacre de las bananeras y se convirtió en férreo opositor de los gobiernos conservadores hasta el final de su hegemonía en 1930, en esa misma línea, participó discretamente en la República liberal al lado de Alfonso López Pumarejo.

Manuel Quintín Lame era uno de los líderes de las fuerzas indígenas, representaba los intereses de los pueblos indígenas que venían luchado por el mantenimiento de los resguardos que habían comenzado a dividirse en el siglo XIX. Sus luchas se enmarcan en la defensa de las lenguas indígenas, la abolición del terraje, la participación política y su inclusión en el proyecto de nación. Fue una lucha que buscó la construcción de un proyecto moderno de nación colombiana en donde no fueran excluidos como población indígena. Así pues, el activismo político de Lame invirtió su fuerza en la recuperación de tierras conocidas como las Quintinadas, la abolición del terraje[8], el activismo jurídico en defensa de los resguardos, como el gran resguardo de Ortega y Chaparral en el Tolima.

Tras haber mostrado sucintamente algunas características de las fuerzas políticas y sociales que se aglutinaron en la década de los 30s, es necesario mostrar cómo estas fuerzas encontraron algunas veces puentes y formas de articulación colectiva. Por ejemplo, en 1934 gran parte de las fuerzas comunistas y socialistas se aliaron con el liberal Alfonso López Pumarejo, y su Revolución en Marcha, con el fin de crear un Frente Popular –estrategia de la Internacional Comunista– para detener el avance del fascismo. Si bien el PCC presentó su candidatura en las elecciones de 1934, con el indígena pijao Eutiquio Timoté, la mayoría acompañaría el gobierno del liberal. Eutiquió Timoté y Gonzalo Sánchez habían roto las relaciones con Quintín Lame quien consideraba que la lucha indígena, dentro de las filas comunistas, afectaría el ya golpeado movimiento indígena, herido por la represión, exclusión y racismo. Apuntando así a un racismo, que no solo estaba presente en las fuerzas conservadoras y liberales, sino también se manifestaba en las filas comunistas debido a la herencia eurocéntrica de la lucha emancipatoria regida por la dicotomía civilización-barbarie. [9]

La lectura socialdemócrata del marxismo es tan esquemática, tan poco política, que en ella no cabía ninguna flexibilidad para una estrategia de carácter global que tuviera en cuenta las nuevas realidades del imperialismo. Con la notable excepción de Rosa Luxemburg, los socialdemócratas más relevantes compartían el sentido común dominante, según el cual los europeos tenían derecho a la ocupación de las tierras coloniales. Cierto que se posicionaban en contra de las crueldades que comportaba la colonización, pero, a la vez que criticaban los excesos, abogaban por un modelo suave que expandiera la civilización por todo el mundo[10].

Esta estrategia del Frente Popular traerá como resultado la victoria del Front Populaire français en 1936 y el Frente Popular español en 1936 durante la corta duración de la II República española, antes de que fuera aplastada por las fuerzas falangistas durante la Guerra Civil Española con la ayuda de la fuerza aérea nacionalsocialista -Nazi-.

En el terreno político, los movimientos comunistas y los sectores “democráticos” del liberalismo se inclinaron por los republicanos. La Internacional Comunista, hay que recordarlo, ordenó a los partidos miembros iniciar, ante el avance del fascismo, la política de los Frentes Populares y el respaldo a los gobiernos que de una u otra manera cabían dentro del concepto de “avanzados”. En Colombia, como en México, los comunistas apoyaron a los gobiernos que en ese momento iniciaban una serie de reformas populistas y nacionalistas. Lázaro Cárdenas y López Pumarejo lograron el respaldo de estas organizaciones, aunque la alianza que se dio en Colombia fue muy frágil y la experiencia no logró sobrevivir por mucho tiempo.[11]

Del lado conservador, las fuerzas encarnadas en Laureano Gómez se convirtieron en las grandes opositoras de la República Liberal de 1930-1946 y defensoras de la Monarquía y Corona española tras la promulgación de la II República. El padre Félix Restrepo ambientó el debate y el clima político durante la Asamblea Constituyente de Laureano Gómez, que llegó al poder luego de la persecución y destierro de las fuerzas liberales, comunistas y socialistas durante el periodoc conocido como La Violencia. El objetivo del sacerdote era superar la división inspirada en la lucha de clases y lograr la unidad del pueblo colombiano bajo la égida de la Iglesia católica. Su objetivo, era regenerar una vez más la moral colombiana que había sido totalmente desconfigurada. El jesuita Restrepo se posicionó en contra de los derechos políticos y sociales de las mujeres desligados de los trabajos domésticos, estuvo en contra de la educación laica y universal, se opuso a entregar la tierra a quien la trabajara, a que los indígenas tuvieran otra identidad cultural diferente a la hispánica, pues todos los anteriores eran síntomas de degeneración, corrupción, impiedad y destrucción de la sana armonía y concordia de la nación colombiana. En un debate muy importante de la época, Antonio Garcia Nossa polemizó con el sacerdote jesuita Félix Restrepo y el padre Rebollo director del periódico El Catolicismo cristalizando uno de los debates académicos más importante sobre el destino de la nación colombiana[12].

En la segunda mitad del siglo XX aparece un panorama más cercano y conocido por la mayoría de los colombianos y colombianas. El Frente Nacional y el acuerdo de Benidorm entre Laureano Gomez y Alberto Lleras Camargo se opuso radicalmente al Frente Popular entre el Partido liberal, el Partido Comunista y diferentes movimientos sociales y populares. Las guerrillas y el paramilitarismo yacen en placas tectónicas de las entrañas de la historia de Colombia que tienen sus fundamentos sociales, políticos y culturales en la expansión capitalista, la reacción conservadora y, sobre todo, en la construcción histórica del relato nacional que excluyó a las comunidades indígenas y afrocolombianas. Esta primera violencia simbólica desencadenó las violencias posteriores.

Sin embargo, a pesar de la tragedia histórica en la cual se encontraba la nación colombiana podemos resaltar fuerzas, movimientos y personajes que lucharon por el cambio del país. Para poder entender nuestro presente y, a modo de resumen, me gustaría mostrar una serie de hilos históricos que continúan vivos en la lucha política colombiana.

Colombia Humana, por ejemplo, es una fuerza política y social que encuentra sus orígenes en el movimiento guerrillero M-19, el cual, a su vez, proviene del ala socialista de la ANAPO. Antonio García Nossa es una persona que nos puede servir para cristalizar varias fuerzas políticas. En sus pensamientos sobre el socialismo colombiano, considera que este movimiento debe ser construido partiendo de las características propias de la nación, no debe ser un calco de las estrategias utilizadas por otros países porque, la estrategia política, es ante todo dialéctica y situada.

En la segunda mitad del siglo XX la lucha indígena se cristalizó con la creación del CRIC (1970) y la formación del Comando Guerrillero Quintín Lame (1985), que nace como forma de defensa contra el avance paramilitar-estatal en la región y el continuo asesinato de indígenas, entre ellos el padre Álvaro Ulcué.[13] El M-19 ayudó a la conformación del comando suministrándoles material y entrenamiento militar. La alianza social, política y militar de este bloque desencadenó el proceso constituyente de 1991, lo cual liberó el espacio político heredado de la Regeneración conservadora y su constitución de 1886. Tal proceso constituyente separó Estado e Iglesia, permitió la libertad de cultos, la función social y ecológica de la propiedad, el Estado Social de Derecho y los derechos multiculturales. No obstante, como varias fuerzas campesinas, pequeñoburguesas y comunistas representadas en las FARC y el ELN no fueron incluidas en dicho proceso, el embate contrarevolucionario paramilitar se acrecentó generando una nueva ola de violencia que, en el periodo de Álvaro Uribe Vélez, encontró su peor momento. Con Juan Manuel Santos encontramos un liberalismo reformista que, bajo el adalid de la paz, logró generar un gobierno de unidad nacional. Las elecciones de 2018 muestran cómo las fuerzas populares logran comenzar a vislumbrar la posibilidad de un gobierno alejado del bipartidismo. Razón por la cual Colombia Humana recoge un abanico amplio de discursos yendo desde el liberalismo de Alfonso López Pumarejo y Jorge Eliecer Gaitán, pasando por las luchas del M-19, la defensa del movimiento indígena, los trabajadores y trabajadoras de Colombia, el feminismo, hasta abarcar los intereses de la pequeña burguesía y burguesía nacional. La integración de las luchas históricas de Colombia con las nuevas luchas del siglo XXI, como la lucha contra el cambio climático, configuraron su potencial político, generando una inercia social sin precedentes en el país.

A comienzos del siglo XXI, en todo el continente las luchas indígenas cambiaron el ajedrez político, especialmente, en Bolivia y Ecuador, en donde el Sumak Kawsay o el buen vivir, como construcción Latinoamérica del socialismo con características propias, forjó un horizonte de construcción de sociedad diferente. Profundizar el Buen Vivir, al separarlo de las economías extractivistas, reconstruir el relato nacional incorporando la herencia indígena y africana, derrocar el patriarcado, democratizar la educación, la tierra y la salud son pilares indispensables para la construcción de un país y continente diferentes.

*Filósofo, profesor y activista político.

Imagen: Exterior Gobernación del Tolima (Jorge Elías Triana)

[1] La razones por las cuales decidí comenzar con los años 30 se encuentran en la primera entrega de este artículo: https://infoperiferikas.wixsite.com/periferikas/post/monarqu%C3%ADa-rep%C3%BAblica-y-capitalismo-apuntes-para-la-reconstrucci%C3%B3n-hist%C3%B3rica-de-nuestro-presente

[2]Pineda Camacho, Roberto La política indigenista entre 1886 y 1991. Banco de la República de Colombia.
Ver :https://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/credencial-historia/numero-146/estado-y-pueblos-indigenas-en-el-siglo-xix

[3] Influyeron en Antonio García los tratamientos de los problemas indígenas peruanos que hacía José Carlos Mariátegui, Haya de la Torre, Oscar Efraín Reyes y Moisés Sánchez; y de los indios de México, Teja Zabre y Carlos Pereira. Ver Juan Carlos Villamizar, Antonio Garcia Nossa. Pensamiento colombiano en el siglo XX. Universidad Javeriana

[4] “Pero muy poco se habla del otro componente de la propuesta: la Democracia. En verdad, lo que expuso el dirigente samario era el proyecto político que el Movimiento 19 de abril había consensuado en su VII Conferencia de 1979, tras varios años de maduración. El Eme era una organización distanciada del marxismo en boga, pues en su ideario recogía el legado del liberalismo social de Rafael Uribe Uribe y Jorge Eliécer Gaitán, junto a los anhelos populares encarnados en el anapismo de base, conectándolos con el concepto de Estado de Bienestar de la socialdemocracia europea. La tesis de Bateman era que la revolución liberal en Colombia se vio frustrada a lo largo de un siglo debido a la hegemonía del bloque histórico conservador, que incluso terminó cooptando a la élite liberal en el Frente Nacional y excluyendo al país nacional. Tal planteamiento se inspiraba en las ideas de Antonio García, un intelectual orgánico que marca el hilo conductor entre el gaitanismo, el anapismo y el M19. » Ver : http://www.elunicornio.co/la-toma-de-la-embajada-por-el-m-19-40-anos-despues/?fbclid=IwAR3GXDYiMDrJS75HzrDuN2LlD0p_31-T2spaRYFmuZMNdsOv-eAL9y59FxY

[5] Ver: Aquellarre Nº 13 Primer semestre 2008, Revista de filosofía, política, arte y cultura del Centro Cultural de la Universidad del Tolima

[6] Boron, Atilio. Capítulo I. El fascismo como categoría histórica: en torno al problema de las dictaduras en América Latina en Estado, capitalismo y democracia en América Latina. CLACSO.

[7] Alfredo Gomez-Muller. Anarquismo y anarcosindicalismo en América Latina.: Colombia, Brasil, Argentina, México.. La Carreta Editores E.U., 2009, 978-958-8427-04-1. ⟨hal-01179932⟩

[8] “Terrajero era quien pagaba terraje, y el terraje fue hasta hace unos treinta años una relación de carácter feudal, servil, según la cual un indígena debía pagar en trabajo gratuito dentro de la hacienda el derecho a vivir y usufructuar una pequeña parcela, ubicada en las mismas tierras que les fueron arrebatadas a los resguardos indígenas por los terratenientes, relación que subsistió hasta que fue barrida definitivamente por la lucha indígena que comenzó a desarrollarse a partir de 1970”. Luis Guillermo Vasco Uribe: QUINTÍN LAME: RESISTENCIA Y LIBERACIÓN. Ver: http://www.luguiva.net/articulos/detalle.aspx?id=68

[9] En Europa, las fuerzas socialistas no se opusieron tajantemente a la invasión europea en África y Asía durante la expansión capitalista. Solo hasta 1919 con la Internacional Comunista, se denunció la invasión y expansión conformado la lucha de Liberación Nacional como estrategia mundial contra el capitalismo.

[10] Marxismo y estudios poscoloniales: críticas y contracríticas. En Revista Viento Sur nº 165 Ver: https://www.vientosur.info/spip.php?article15061

[11] URREGO ARDILA, Miguel Ángel. II. Los intelectuales bajo la república liberal In: Intelectuales, Estado y Nación en Colombia: De la guerra de los Mil Días a la constitución de 1991 [en línea]. Bogotá: Siglo del Hombre Editores, 2002 (generado el 22 avril 2020). Disponible en Internet http://books.openedition.org/sdh/270>. ISBN: 9782821879751. DOI: ttps://doi.org/10.4000/books.sdh.270.

[12] Ver: Aquellarre Nº 13 Primer semestre 2008, Revista de filosofía, política, arte y cultura del Centro Cultural de la Universidad del Tolima

[13] El asesinato de indígenas continúa hasta el día de hoy y se debe en gran medida al entramado cultural, político, social y económico que he venido describiendo.