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Tras una semana de incertidumbres, acusaciones y tensiones políticas, las elecciones en Perú concluyeron con la nítida victoria de Pedro Castillo. Luego de un ciclo de inestabilidad política, el símbolo de un lápiz ha llenado de esperanza al pueblo de Perú.

Con el 100% de los votos escrutados, la región conoce a un nuevo mandatario de origen popular, maestro de escuela rural, provinciano y líder sindical.

El presidente de Argentina Alberto Fernández y el presidente de Bolivia Luis Arce fueron los primeros mandatarios regionales en reconocer la victoria del maestro Castillo. Igualmente, varios líderes progresistas de la región saludaron su victoria. Entre estas figuras, se destacan los mensajes de Lula Da Silva (Brasil), Fernando Lugo (Paraguay), Evo Morales (Bolivia) y Gustavo Petro (Colombia).

Como nuevo presidente, Pedro Castillo tendrá un gran número de obstáculos que sortear tales como la futura oposición del fujimorismo y el neoliberalismo regional, la injerencia estadounidense y, sobre todo, las intentonas golpistas.  También tendrá que afrontar las contradicciones internas de su movimiento y base popular.

La primera tarea consiste, antes que nada, en proteger y salvaguardar la decisión del pueblo frente a las denuncias infundadas de fraude electoral. Siguiendo la estrategia Trump, Keiko Fujimori se reúsa a aceptar su derrota y la voluntad popular. Ante su fracaso electoral, solo le resta generar el caos, la incertidumbre y la zozobra.

No obstante, miles de ronderos, indígenas, campesinos y trabajadores del todo el Perú comienzan a llegar a Lima para proteger los resultados electorales. Por su parte, el electo presidente Pedro Castillo ha hecho un llamado a la movilización popular con el fin de preservar la democracia.

Es evidente que el proceso electoral peruano ha desatado grandes discusiones en el campo progresista y revolucionario del continente.  Las discusiones han girado en torno a la relación entre la clara tendencia socialista y revolucionaria del partido Perú Libre y ciertas posiciones conservadoras del presidente electo. Con el fin de comprender estos temas de debate, es necesario hacer algunas interpretaciones generales.

Primero que todo, es necesario señalar que la elección de Pedro Castillo es, sin duda, un gran logro para las fuerzas populares de izquierda y progresistas de la región. A nivel geopolítico, el Grupo de Lima, que tanto daño le ha hecho al continente, ha quedado totalmente huérfano. Por otro lado, la derrota de la extrema derecha (Keiko Fujimori) y los neoliberales (Vargas Llosa) representa un golpe fuerte a las fuerzas conservadoras de la región que no disimularon en jugar con todas sus cartas: medios de comunicación, intimidación, chantaje y miedo.

El terruqueo (señalar al contrincante de terrorista) fue utilizado a diestra y siniestra por el establecimiento peruano, desnudando el profundo clasismo y racismo estructural de la clase dominante peruana.

Sumada a las movilizaciones en Colombia y Chile, el caso peruano demuestra que el relato del «castrochavismo», «amenaza comunista», “venezolización” y «dictadura de izquierda» se ha debilitado profundamente.

Ahora bien, Pedro Castillo y Perú Libre representan una forma de izquierda ortodoxa relacionada con el paradigma de redistribución de la riqueza, la nacionalización de los sectores estratégicos (hidrocarburos), garantía de los derechos sociales y sindicales[1]. Si bien dicha ortodoxia en sí no es criticable, es problemático que los errores de las experiencias regionales se repitan.

Lo criticable emerge cuando se discuten temas abanderados por la izquierda interseccional o autonomista tales como el feminismo, el indianismo, el antirracismo y el anti-extractivismo.

A modo de ejemplo, en cuanto al paradigma del reconocimiento de las diversidades sexuales se refiere, Pedro Castillo adolece de los mismos problemas del progresismo latinoamericano de primera generación: conservadurismo concerniente a los derechos sexuales y reproductivos y libertades sexuales[2]. La homofobia, la transfobia y el machismo parecen permanecer aún en las estructuras mentales de muchas organizaciones de izquierda y progresistas de la región.

A pesar de que el programa de Perú Libre estipula la despenalización del aborto y la instauración de la plurinacionalidad en una eventual Asamblea Constituyente, parece que el paradigma del reconocimiento de la diversidad étnica, sexual y cultural queda subordinado al paradigma de la redistribución de la riqueza.

En este sentido, Pedro Castillo y Perú Libre se podrían ubicar en la corriente perteneciente al primer ciclo del progresismo latinoamericano (Correa, Chávez, Evo, Kirchner, Lula), el cual se caracterizó por la redistribución de la renta producto de la extracción de materias primas tales como petróleo, gas o carbón. Es claro que esta redistribución permitió la reducción de la pobreza de la región, garantizó la salud y educación de millones de personas y posibilitó la modernización de la infraestructura del país. Estos avances hubiesen sido impensables, si las políticas de redistribución de la renta no habrían sido implementadas gracias a la nacionalización de sectores estratégicos de la economía.

En la misma línea política, este primer ciclo progresistas irrumpió de manera extemporánea en México (AMLO) y recientemente llega a Perú (Castillo). La tardía llegada de este ciclo a México se podría explicar por la cercanía geográfica del país a Estados Unidos, razón por la cual le injerencia y dependencia  los dictámenes de Washington son más fuertes.

En el caso de Colombia, este país no ha vivido aún una experiencia política similar, en parte por sus dinámicas particulares ligadas al conflicto armado, narcotráfico e injerencia norteamericana.  Es conocido que Colombia es uno de los satélites más importantes de USA en el hemisferio, por ello, la llegada del ciclo progresista se ha postergado por más de dos décadas.

Por todo lo anterior, las transformaciones económicas propuestas por Pedro Castillo son aún dependientes del extractivismo, el cual es considerado como una fuente de riqueza legitima en detrimento de la lucha contra el cambio climático, la protección de las comunidades indígenas y la implementación de la transición ecológica.

Por otro lado, es necesario destacar el papel de la Iglesia católica y las iglesias evangélicas, pues su influencia durante las elecciones debe ser comprendida en su integralidad. Muchas de las contradicciones previamente señaladas emanan de las creencias, reivindicaciones y subjetividades de una base popular profundamente religiosa, influenciadas por el pensamiento católico y evangélico, pero golpeada y despreciada por el neoliberalismo y la oligarquía limeña.

En última instancia, las posiciones conservadoras de Pedro Castillo tienen su origen en la doctrina social del Vaticano en cuanto al matrimonio igualitario, la interrupción voluntaria del embarazo y la legalización de marihuana. Una vez más, la doctrina de la iglesia se muestra como una frontera inquebrantable en la discusión de muchos temas ligados a la familia y la sexualidad. Frente a esta frontera ideológica, muchas organizaciones progresistas y revolucionarias de la región se reúsan a disputar y hegemonizar dichas esferas política.

Todos estos temas generan una serie de contradicciones políticas y sociales que habrá que sortear por el camino. Al igual que las discusiones durante las pasadas elecciones en Ecuador, estas contradicciones peruanas confirman que los dilemas de todo el campo progresista latinoamericano están lejos de resolverse.

Por lo pronto, solo resta desearle mucho éxito a Pedro Castillo en su gestión, esperando que cambie sus posturas conservadoras por el bien del pueblo peruano. Es importante aprender de las experiencias regionales las cuales nos han enseñado que, aferrándose -táctica o programáticamente- a posturas conservadoras, ha debilitado el proyecto político en vez de fortalecerlo.

[1] Ver programa político de Perú Libre: https://perulibre.pe/

[2] Ver: https://www.infobae.com/america/america-latina/2021/06/08/pedro-castillo-contundente-no-al-aborto-no-al-matrimonio-igualitario-y-no-al-consumo-de-marihuana/