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Por: Angélica Hernández Velásquez

Desde: Poitiers, Francia

En la entrega pasada me referí a tres formas de abordar el fenómeno del migrante en el mundo, en la coyuntura del Covid-19. Así, el primer momento, llamado trumpiano, dio lugar al análisis de las expulsiones de miles de inmigrantes en las fronteras de ese país. La conclusión de ese análisis no fue nada nuevo, para nadie es un secreto la mezquindad y antipatía de las acciones gubernamentales. Debo confesar que hay un sentimiento que me impulsa a ahondar más y mejor sobre el Covid-19 en Estados Unidos, ¡hay mucho material! Si tomara sólo el hecho de que después de las declaraciones de Trump, sobre la cura contra el Covid-19 con cloro y luz ultravioleta, más de 100 personas fueron tratadas por intoxicación, tendría tema para rato. Pero no, en esta ocasión me gustaría analizar un poco cómo el neoliberalismo y el covid-19 nos está llevando a un fascismo descarado.

Hace aproximadamente un mes, Claudia López tuvo que sortear una difícil situación en la cual tenía que hacer frente a las demandas de la población venezolana en situación de pobreza que se encuentra en Colombia, específicamente en Bogotá. Digo difícil porque nadie, por más estadista que se promulgue, habría podido diseñar un plan de acción gubernamental en el que se pueda satisfacer las necesidades e intereses de todas y todos, en una situación como la que ha generado la pandemia, ¿o sí? Bueno, partamos por decir que Bogotá es una urbe neoliberal en todo el sentido de la palabra, en donde la propiedad privada se privilegia ante todo como base de una economía que favorece los intereses de unos pocos. Claudia López es la gerente de esa urbe y su manera de afrontar esta crisis va a marcar su futuro en la política colombiana. En los primeros días de abril, al principio de la crisis en Colombia, López tomó medidas para gestionar la situación en Bogotá. Unas más aceptadas que otras, ¿por qué? ¡Fácil!, gestionar una crisis de tal calibre en una cuidad tal, supone establecer diferencias entre la gente, luego, para recibir ayuda debes hacer parte de una población vulnerable ¡obvio! El problema es cuando toca decidir quién es más o menos vulnerable. Entonces fue cuando la crisis sobrepasó a la alcaldesa y le pasó la papa caliente al incapaz Gobierno nacional: “es una obligación del Gobierno nacional que ha incumplido sistemáticamente”[1]. Y cualquier persona diría que no es una afirmación equivocada. El asunto es que ella es la alcaldesa y debe gestionar la ciudad para todas y todos los que habitan allí.

No hace falta citar más a López para decir que ella es una prueba viviente de que esta crisis está mostrando la cara solapada que tenemos en Colombia, y me incluyo porque uno muchas veces repite discursos sin darse cuenta qué hay detrás. En esos días uno podía leer en redes sociales “que los venezolanos agradezcan lo que se les da, al final este no es su país”. Mi país, su país; mis impuestos, sus impuestos. Son solo expresiones del modelo neoliberal que nos somete. Buscamos, sin descanso, conseguir títulos de propiedades para llenar nuestro ego y ganar en la competencia de “quien tiene la casa más grande”. Esa competencia nos ha llevado a pensar que ese que no tiene un techo, porque no lo ha trabajado o porque simplemente no ha podido entrar en la competencia, es el enemigo. De hecho, muchos de ellos solo quieren hacer parte de ese sistema que los excluye. Entonces decimos, yo pago impuestos, eso me hace benefactor de esa evolución de la propiedad privada que es el Estado. Así lo entendemos, por eso para muchos es incompresible que los recursos del Estado sean repartidos por igual entre los que pagan y los que no, porque entendemos el Estado como nuestra propiedad, una aporía, un sin salida.

Estamos enfermos, nos enferma el egoísmo como el hijo mayor del liberalismo. Hemos dado positivo en el test del Covid-19.

En el texto anterior dije que Colombia es un país lleno de contradicciones, contradicciones entre las que encuentro aquella que surge de pensar que un país tradicionalmente católico, religión según la cual todos somos hijos del mismo padre, resulte tan fascista. Personas que se reconocen como católicas diciéndole a los venezolanos que este no es su país. No sé si es mi impresión o esto es muy fuerte. Incluso, seguidores de otras religiones más ortodoxas tratando al migrante como una persona de otra categoría. Personas a las que les pregunto, sabiendo que muchas familias colombianas tienen al menos un familiar que es migrante en otro lugar del mundo, ¿qué pasaría si sus familiares tuvieran que vivir esta pandemia como un venezolano en situación de pobreza en Colombia? ¿qué pasaría si se enferma? No es un secreto que Colombia vive en crisis sanitaria constante, con la pandemia se han invertido recursos para aumentar el número de camas de UCI, sin embargo, no da abasto, al final, los fallecidos por causa de la pandemia, directa e indirectamente, terminan siendo cenizas, no cenizas venezolanas, ni cenizas de un bogotano divinamente, ni cenizas de un desplazado por el conflicto que había encontrado su lugar en Bogotá. Al final, y como dice la biblia, solo somos cenizas…

[1] López, Claudia. Declaraciones del 14 de abril 2020. Canal CityTV.

Image tomada de https://www.eltiempo.com/bogota/esto-pasa-con-los-muertos-durante-el-coronavirus-en-colombia-481722